Segovia un pueblo que resiste entre la memoria de sus muertos.

Los pasados 11, 12 y 13 de noviembre de 2010, 22 años después de que un grupo de paramilitares arrebatara la vida a 43 personas y dejara heridas a cerca de un centenar,  las calles de Segovia se llenaron de nuevo de ese color amarillo y verde que en un momento de la terrible historia que nos alberga en este país, significó un grito de esperanza, libertad y justicia.  Centenares de campesinos, de dirigentes sociales y sobrevivientes del genocidio por parte del estado Colombiano sobre el grupo político de la U.P. marcharon de nuevo por Segovia, Antioquia,  buscando en sus calles manchadas de sangre y horror reconstruir aquella noche del 11 de noviembre de 1988, cuando las balas y la lluvia pintaron de color rojo estas ricas tierras del nordeste antioqueño, gracias a ordenes de políticos corruptos y la complicidad de los grupos armados estatales. En un acto de memoria que comenzó con la siembra de unos árboles que representan cada víctima,  una plegaria al cielo para instar que recuerde este valle lleno de lagrimas y una marcha que se realizó desde el coliseo del municipio,  pasó por el parque central y recorrió las calles donde llegó  la amargura en la que nos estremecimos buscando en el recuerdo la memoria de los que aun se resisten al olvido.

 



Las personas que asistimos a este evento, recordamos que el dolor y la impunidad en este país seguirán reinando mientras no se exija la verdad y la justicia para las víctimas de esta patria boba que ahora alimenta a miles de Ong, mientras esa justicia y esa verdad se ven más lejanas. Para que la justicia y la verdad existan no hay otra salida que la organización social y popular, pues al fin de cuentas es la única capaz de enfrentarse contra esta máquina llena de traiciones que es el Estado, son los campesinos con sus palabras humildes, con sus manos gruesas de darle golpes a la tierra para sacar su alimento y el de sus familias,  son esos mismos hombres y mujeres de carácter  fuerte y sonrisas tímidas los que exigen y esta vez los que llenaron las calles de Segovia con las lágrimas de la esperanza, con las lágrimas que no se han secado de sus rostros 22 años después. Son esos hombres y mujeres con sus camisas manchadas por el plátano y la tierra los que caminan llenos de dignidad , con la frente en alto gritando justicia por un mundo mejor para todos nosotros los que observamos el dolor de este país desde las comodidades de nuestras casas, cosa que no quiere decir que tengamos que estar allá, ni mas faltaba, mas comida  pa mas zánganos, pues si desde esa misma comodidad y seguridad que nos representan nuestros hogares no somos capaces ni de lanzar una reflexión sobre el exterminio que día a día vivimos en este país. ¿Qué haríamos allá?


“Estamos luchando por los compañeros caídos en la masacre, estamos luchando, por los compañeros que quedaron vivos y estamos luchando por los mineros que hay en Segovia.” Testimonio de campesino líder de la U.P.



En Colombia nos hemos acostumbrado al dolor y esto nos está convirtiendo en personas indiferentes ante este, estamos olvidando todos los días lo terrible que es vivir en este país , es impresionante la manera tan recurrente en que nos encontramos no para celebrar la vida si no para recordar la muerte y lo más triste es volver a casa y encontrar en los diarios, en las noticias más masacres, más desaparecidos, más muertos , más bombardeos , mas euforia por la muerte y la sangre y menos reflexión y menos dolor y menos disposición para colocarnos ante el dolor de los demás que resulta, en cualquier momento, ser también el nuestro.
Son de resaltar  estos  actos  donde se recoge la memoria y se reconstruye la historia pues
“ Estos eventos son importantes para traer a la memoria de las comunidades, en este caso la de Segovia el recuerdo de aquellos seres queridos, de nuestros hijos e hijas que fueron asesinados sin justa causa, simplemente porque pensaban diferente,  simplemente porque fueron señalados a través de aquellas personas que les pagan para vender la vida de otro ser humano, es bueno porque así mantenemos en nuestros corazones, en nuestras mentes a aquellos seres humanos , que nos han quitado y que nos han robado la vida dejando niños y niñas , huérfanos sin padres sin madres y tal vez mendigando el pan de cada día”. Testimonio de sobreviviente de la U.P.

DOCUMENTAL AMARILLO.


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